Capítulo XXXV

CAPÍTULO 35

Lo miré. Estaba realmente anonadada con todo lo que me contaba. Siento que el abuelito de mi amiga sabe demasiado, tal vez hasta más que yo, y a mí me pasó lo mismo con las muertes de Marcos y Héctor; Unexma me mostraba lo que iba a pasarles. Verdaderamente este demonio supo vengarse:

—¿Qué te pasa Brenda? Te veo muy impactada, si quieres lo dejamos hasta acá.

—¡No, señor! Siga contándome por favor.

—¿Segura, chiquilla? —inquirió, con algo de duda.

—Muy segura.

—Hija, ¿has escuchado por ahí que dicen “que solo los idiotas aseguran las cosas”?

—¿En serio? ¡Ay, no lo sabía! Entonces no voy a poder asegurar nada, sino me tratará de idiota —reclamé, amurrada.

—Ja,ja,ja. Que divertida eres Brenda, son solo frases de viejo, niña no te asustes —dijo riendo.

—No sea malito, me asustó.

—Bueno, te sigo contando; y como tú dijiste antes, pasaron cinco años; ya éramos jóvenes, algunos se casaron y uno de esos fui yo y bueno, el sueño más extraño y que nunca se cumplió, fue que todos veíamos a un viejito que caminaba con una niña -aparentemente era su nieta- y que iba a cruzar la calle justo en el paso de cebra que es el lugar habilitado y correcto para hacerlo, y de pronto vemos unas manos que sujetan los pies de él y que no lo dejaban caminar, luego aparece la cabeza de Unexma y le dice que para dónde va, si es hora de despedirse, el viejito se quería zafar pero no podía, y las personas que pasaban lo miraban como si él estuviera loco, tironeaba para zafarse y gritaba desesperado. De la nada aparecían dos autos a velocidad normal, uno de subida y el otro de bajada. Unexma miró aquellos autos y de pronto aceleraron a toda marcha, al unísono y se desvía uno de frente al otro, justo hacia el lugar donde se encontraba atrapado el viejito. Los transeúntes corrían y le gritaban al viejito que saliera de ahí, todos intentaban avisarle, pero el viejito no se podía mover, porque Unexma no se lo permitía. Yo trataba de correr hacia él y ayudarlo pero tampoco me podía mover, entonces los autos que venían a gran velocidad, terminaron por chocar de frente y atropellarlo al mismo tiempo, en una especie de sandwich, reventándolo por completo.
Todos elucubrábamos con el sueño e intentábamos adivinar quién era ese viejito, el padre de quién. Pero como te dije antes, ese sueño grupal, nunca se cumplió. Lo que me llevó a pensar durante mucho tiempo que el próximo sería mi padre o el padre de alguien más de mis amigos, pero nunca pasó nada.

—Entonces, ¿cómo murió su padre? Disculpe la pregunta tan brutal y directa, pero yo soy así.

—No te preocupes. Me gusta que las personas sean directas y sinceras. Creo que es lo mejor. Bueno, antes de responder de la misma forma que me preguntaste, quiero contarte uno que otro detalle que tal vez, aporte a la respuesta.

—Okey, me parece bien y lo agradezco.

—Bueno, primero falleció mi madre. Ella murió ahogada en su cama, estaba comiendo frutos secos y al parecer se atragantó con uno de ellos y alcanzó a llamar a mi padre, pero cuando él llegó, e intentó prestarle ayuda, era demasiado tarde y finalmente ella falleció en sus brazos.
Luego de la muerte de mi madre, mi padre no fue el mismo. Antes era un tipo algo rudo, de trato tosco y a veces hasta un tanto vulgar, pero ese acontecimiento trágico, lo hizo replantearse la vida y cambió de pronto. Tanto fue ese cambio que comenzó a ir a la iglesia, a leer la Biblia y a rezar todos los días. Poco a poco se fue convirtiendo en un padre ejemplar y de paso en un gran hombre. Muchas personas le admiraban su tenacidad y su gran corazón, pues mi padre era de ayudar en muchos lugares, semanalmente iba al Hogar de ancianos, al de menores, apoyaba a sus hermanos de la iglesia; en fin, un buen samaritano.
Yo lo admiraba porque en lugar de ahogar sus penas en el alcohol o las drogas, como hacía antes de la muerte de mi madre, hizo todo lo contrario y se convirtió en un hombre de bien. Siempre lo miré como un ejemplo a seguir.

—Espere, dijo usted; <<siempre lo miré>>. Habló en pasado. No creo que sea solo porque ya no está vivo. ¿Tuvo usted, alguna desilusión de su padre?

—¡Vaya que eres intuitiva y perspicaz, me sorprendes, hija!

—Gracias, señor.

—Bueno, sí, la verdad es que terminé casi desilusionado, pero no por algo que haya hecho luego de la muerte de mi madre. Sino que por algo que hizo en su pasado. Algo horrible.

—Podría intentar adivinar, porque creo que sé a lo que se refiere, pero dejaré que usted me lo cuente.

—Despertaste mi curiosidad niña, quisiera saber qué es lo que sabes.

—Okey, hace poco tiempo tuve una visión, por así decirlo. En dicha visión pude ver que cinco hombres jóvenes; probablemente borrachos y drogados, entraban a una casa donde vivía una señora y su hija. Estos tipos además de robar sus pertenencias de valor, violaron a la hija de la señora y posteriormente asesinaron a ambas mujeres. Presumo que uno de esos hombres fue su padre.

—A cada momento me impresionas más Brenda, eres una chica muy especial. Antonella ya me lo había dicho y ahora lo estoy comprobando.

—Gracias, señor. Yo solo sé que quiero proteger a mi amiga de quien sea y de lo que sea.

—Tienes un gran corazón hija, ¿me prometes que siempre protegerás a mi nieta Antonella?

—Por supuesto, señor. Se lo prometo. La protegeré aún a costa de mi vida.

—Espero que no sea necesario llegar a tanto hija. Tu vida también es muy valiosa. Solo cuida a mi nieta, pero no hagas nada de lo que te puedas arrepentir.

—Bueno, siga contándome; ¿qué pasó con su padre?

—Está bien, un día mi padre me llamó muy serio a su habitación. Quería tener una charla conmigo. Me dijo que lo que iba a contarme era algo que jamás había querido contarle a nadie. Ni siquiera mi madre lo llegó a saber—:

—<Hijo, tengo que contarte algo delicado, no te voy a pedir que no se lo cuentes a nadie, pero si quiero que sepas que es mi más obscuro secreto que jamás nunca me atreví a contarle a nadie>.

—<Okey papá, dime>.

—<Hace mucho tiempo, cuando era joven y soltero, cometí el peor error de mi vida. Me gustaban las drogas y el alcohol demasiado. También el dinero fácil, y eso me llevó a cometer el peor acto que un hombre puede cometer>.

—<Papá, me estás asustando, ¿de qué acto se trata?>.

—<Pues, verás. Con unos amigos fuimos a la casa de una mujer vieja, que sabíamos que vivía sola y que tenía una buena pensión. El plan era entrar, robarle algunas cosas, unas joyas, algo de dinero y luego irnos a celebrar y comprar alcohol y drogas para seguir la fiesta>.

—<Papá, eso es horrible. ¿Tú, le robaste sus cosas a esa señora?>.

—<No solo eso, hijo, no solo eso>.

—<No entiendo, ¿entonces, pasó algo más, algo peor?> —pregunté con miedo.

—<Así es…>
—Y ahí, me contó lo que ya sabes, Brenda, porque lo viste en tu visión, así que has de saber que uno de esos cinco desalmados ladrones y asesinos, era mi padre. Claramente esto no es ningún motivo de orgullo para mí. No lo fue en su momento, no lo es ahora, ni lo será nunca. Y fue por eso, que ese secreto tampoco se lo conté a mis hijos, ni a mis nietos. Y por algún extraño motivo, algo me impulsó a confiar en ti para contarte este horrible secreto que no me ha dejado vivir tranquilo.

—Pero tiene que estar tranquilo, primero porque su secreto está a salvo conmigo y segundo porque no fue usted el culpable de los actos que haya cometido su padre. Usted ni siquiera nacía.

—Lo sé, no fue mi culpa, pero si del silencio. De eso me culpo. Pienso que si hubiera hablado de esto antes con mis hijos, en lugar de tratar de decirles que “los fantasmas no existen”. Unexma los hubiera dejado en paz y ella nunca hubiera terminado molestando a mi pobre Antonella.
Mi padre también me contó que esto -lo de contarme- lo hacía porque Unexma se lo había ordenado. Ella quería que yo supiera de ella, antes de comenzar a aparecer en mi vida. Cosa que empezó a hacer luego de la muerte de mi padre. Mi padre terminó asesinado por un viejito del Hogar de ancianos; que tenía alzheimer y que pensó que mi padre; que le estaba ayudando a comer, era un ladrón que le quería robar su comida y le enterró el cuchillo de cortar carne, en su cuello y mi padre murió desangrado a los pies del viejito. Creo fervientemente que Unexma mucho tuvo que ver con aquella horrible muerte.

—Yo tambien lo creo así —reafirmé.

—Bueno, después de eso, comencé a recibir las visitas nocturnas de Unexma, luego mis hijos y ahora mi nieta Antonella.

—No entiendo una cosa; ¿por qué Unexma no dejó tranquila a su familia, si ya se había vengado de su padre? Es extraño. ¿No lo cree?

—Ahora que lo dices, pues sí, es muy extraño. Es como si le faltara algo.

—O alguien —inquirí.

—Bueno, si lo vemos matemáticamente, los fallecidos fueron cuatro de los cinco asesinos. Claramente faltó uno. Mi padre me dijo que eran cuatro compañeros de curso y otro chico que venía de otro liceo, de otra comuna, la peor comuna de la ciudad.
Me dijo que prácticamente los contrató para que lo acompañen a robar, que les ofrecía quedarse con las joyas y el dinero que allí hubiera, pero que a él solo le interesaban unos cuantos documentos y nada más. Por eso que ellos aceptaron inmediatamente la propuesta. También me dijo que justamente fue esa persona quien terminó asesinando brutal y sanguinariamente a esas dos mujeres. Pero lo que no me negó, fue que fue uno de los que también participó en la violación de aquella chica.

—Entonces, hay un último involucrado. Uno del que Unexma tal vez no se alcanzó a vengar y por eso sigue atormentando y asesinando sin parar a quien se cruce en su camino.

Entonces al abuelo de Antonella le suena su celular; era su hijo que le preguntaba a qué horas regresaría a la casa, que ya iba a anochecer y estaban algo preocupados por él.

Él le respondió que todo estaba bien, que ya pronto llegaría a la casa, y que se quedaran tranquilos. Le dijo -con lágrimas en sus ojos- que lo amaba mucho y también amaba mucho a Antonella, que por favor se lo dijera —Claramente revivir tantas emociones juntas lo tenían bastante conmocionado.
Lo último que escuché antes de que el abuelo cortara la llamada, fue ¿papá, estás bien? No te preocupes, se lo diré. Yo también te amo mucho.
El señor me miró con dulzura y me pidió que si lo acompañaba a la farmacia a comprar unos remedios y que luego nos podríamos ir juntos a casa, que en la esquina nos podemos separar y llegar cada uno por su lado para evitar cualquier sospecha de su nieta.

Le dije que me parecía una buena idea y que con gusto lo acompañaba a la farmacia, así que salimos de la iglesia, no sin antes hacer una última oración y bendecirnos con el agua bendita de la iglesia. Cosa que aproveché para rellenar mi botellita de agua. Por cualquier cosa.

Unexma – Alma sin alma ©
Autora: Lorena Castro C.
Lorena Escritora en Facebook.
Chilena.
Derechos Reservados ®
@lorenaescritora en instagram.

Deja un Comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .