Capítulo XXIX

Capítulo 29

La noche se sentía muy fría, más de lo acostumbrado, así que cerré bien la ventana de mi habitación, me tomé un té que me preparó mi mamá y traté de dormir para olvidar todos esos horribles sucesos. Estaba inquieta dando vueltas en la cama pensando lo que había visto y vivido, no dejaba de pensar que todo había sido obra de Unexma que se hizo pasar por mi amiga, pero, ¿por qué?, ¿cómo logró saber de Héctor?
Además mis dudas sobre Marcos, ¿que pasó con él? Mi amiga Brenda me dijo que había fallecido, yo estaba llena de confusiones en mi mente, la verdad que no lograba entender nada, quería solo dormirme y ya no pensar más en todo aquello. Estaba todo obscuro en la calle, y la habitación se volvió una boca de lobos al apagar la luz. Así, llegó un momento en que el sueño me venció y no me di cuenta, ni supe qué horas eran, cuando de pronto sentí un frío que congelaba, pero esta vez era en mi cama. Pude sentir claramente, no una, sino varias presencias en mi habitación. Pero yo no podía moverme, ni siquiera podía hablar, mucho menos gritar para pedir ayuda, lo único que podía hacer era sentir como una de esas presencias se subía a mi cama y corría la sábana y todas las colchas que hasta ese momento me arropaban, también y muy a mi pesar, pude sentir como me levantaba las piernas y pude sentir unas frías manos tocando mis caderas tan frías que sentía el hielo a través de la tela polar de mi pijama, y unas garras rozando mi piel, no con violencia, más bien como intentando buscar algún atisbo de placer en mí. Placer que por supuesto, estaba muy lejos de sentir, solo podía sentir terror.
Lenta y casi eternamente, sentía como me despojaba de mi pantalón de pijama y luego de mis bragas, y yo seguía sintiendo todo y sin poder moverme. Mi respiración era demasiado agitada, mi corazón parecía que se me iba a salir por la boca y esta maldita pesadilla parecía no tener fin. Lo que sigue, me da verguenza contarlo, pero tengo que hacerlo, aquel ser espectral, demonio o lo que sea, procedió a hacerme sentir su miembro erecto y lo “paseaba” por mis muslos y se divertía rozando cada tanto su aparato con mi vagina. Me sentía morir, yo nunca había tenido sexo ni hecho el amor con ningún chico antes, y ahora heme aquí, a punto de entregar contra mi voluntad, lo más preciado de mi ser. Mi virginidad, mi pureza a vaya saber quien. Ya no pude seguir absorta en ningún pensamiento más porque sentí como su miembro comenzaba lentamente a penetrar en mi vagina. Sentía mucho dolor, era un ardor punzante, pese al frío que tenía ese ser y su aparato, sentía que algo me iba quemando por dentro con cada centímetro que ingresaba en cada una de sus embestidas lentas. Luego sentí que se recostó sobre mi pecho y me besaba el cuello y los labios. Todo me quemaba, era lo único que podía sentir; un frío que llegaba a quemar, pero que luego se comenzaba a desvanecer de a poco y regresaba. La sensación era pésima, dolor, miedo, pena, rabia, y de reojo veía al costado de mi cama y podía ver unas luces muy tenues que se movían cada cierto tiempo, como si quisieran buscar el mejor ángulo para no perder detalle de la violación a la que estaba siendo sometida en mi habitación, en mi propia cama. Por fin, al parecer aquel ser acabó su faena, porque pude sentir un líquido caliente escurrir por entre mis piernas, como si fuese esperma de vela y antes de salir de encima de mi cuerpo, me susurró al oído:

—¡Gracias, corazón!

Quedé atónita, perpleja, estupefacta, pues así es como me llama cariñosamente mi amigo Héctor. Era imposible que se tratara de él. ¡No lo puedo creer! ¡Esta es una pesadilla! No es verdad, Héctor está en Iquique. Esto es obra de Unexma que está metida en mis sueños, haciendo que vea y sienta cosas.
Mientras concluía que era una pesadilla y que no era verdad, y que no importaba lo que me pasara en este mal sueño, ya que después despertaría y me daría cuenta que nada de esto ocurrió en realidad, y la verdad, pensar en eso me tranquilizaba un poco, pero fue entonces que sentí la segunda presencia tocar mi cuerpo y darme vuelta hasta ponerme boca abajo en la cama, parecían las mismas garras, pero se sentían distintas, era claramente otro ser, uno con mucha menos delicadeza que el anterior, porque apenas me dejó en esa posición procedió a penetrarme como si no hubiera un mañana, con fuerza y me jalaba el cabello. Lo más “dulce” que este ser hizo, fue darme un suave y leve mordisco en mi oreja, lo que aprovechó para preguntarme:

—¿Estás disfrutando, princesa? —mientras seguía con su bombeo imparable. Manejaba mi cuerpo a su antojo, me recostó de lado, me levantó una pierna y seguía en esa posición con su mete y saca brutal.
Yo no podía hablar, pero si podía mirar y todavía quedaban dos entes mirando morbosamente la situación, lo intuía por las dos luces tenues que seguían moviéndose de un lado a otro como si fueran camarógrafos de una película para adultos.
¡Ya quería despertar de esta horrible pesadilla! Este ser no puede ser Marcos, Unexma por favor déjame en paz le suplicaba con lo único que podía mover, que eran mis ojos y también con mi mente por si acaso me la pudiese leer. Por fin acabó esta vez sobre mi espalda y nuevamente ese ardor sobre mi cuerpo.
Cuando se levantó de la cama, las luces de mi primer violador, como la del segundo, se desvanecieron por completo y solo quedaron las luces tenues de los otros dos espectadores. Así que imaginé que ahora sería el turno de estos dos despreciables seres y por fin terminaría la pesadilla, y por fin podría despertar. Pero no, solo se limitaron a mirar, sin decir nada y así como aparecieron, se esfumaron tal como los dos entes anteriores.
Al despertar no quería levantarme me sentía agotada y con mucho miedo por lo que había pasado anoche en la plaza —lo de la pesadilla era una idea totalmente deshechada para mí. Eso sencillamente nunca ocurrió y con una buena ducha fría, iba a olvidar para siempre aquella nefasta pesadilla, además estaba con mi ropa intacta y lo único extraño era mi cansancio que también podía atribuirse a todo lo que pasé en la plaza y los trámites posteriores; eran a las 8:00 a.m. y nadie se había levantado todavía. Era entendible, mis padres no estaban acostumbrados a dormirse tan tarde y el haberse despertado para ir donde el vecino y luego a la urgencia y la comisaría, los había agotado. Así que lo más probable era que se levantarían mucho más tarde. Bueno, con eso me evitaba en parte el interrogatorio, al menos hasta más tarde. Tan sólo de pensar en lo que me preguntarían mis padres me ponía nerviosa. ¿Cómo les iba explicar sobre Unexma, si de niña nunca me creyeron?
Así que salí a caminar, pensé mejor en ir a darle las gracias a mi vecino por su ayuda ya que anoche no pude hablar por miedo a lo que me pasó, y a la vez disculparme por lo de su ventanal, pero al llegar cerca de la casa de mi vecino su ventanal estaba intacto como si no hubiera pasado nada; al ver eso se me erizó la piel, intrigada y algo confusa regresé a la casa y pensé <<de seguro madrugaron a cambiar el ventanal>> pensé en tocar el timbre y preguntar, pero ¿y si fue otro sueño? Los vecinos van a creer que estoy loca. Mejor me hago la loca y me evito el bochorno devolviéndome tranquilita a la casa.
Llegando a la casa le pediré a mi amiga Brenda que venga para que hablemos de lo sucedido, aunque voy a omitir varios detalles para evitar que ella se preocupe demasiado por una simple pesadilla. Intentaré sacar mentiras por verdades.

¡”Anto”, mi pobre amiga “Anto”!
¿Cómo es posible que la vida sea tan injusta contigo?
Primero, la vida se ensañó con Unexma y ahora ella busca cargar su desgracia en mi inocente amiga, que sin querer ha heredado una maldición generacional.
¿Cómo puedo ayudar a mi amiga?
¡Son demonios!
¿Será posible que un simple ser humano sea capaz de enfrentar a semejantes fuerzas malignas?
¿Qué acaso tengo cara de exorcista? ¡Obvio que no! -me vería horrenda con el traje de cura, ja,ja,ja.
Ya Brenda, no es hora para tus bromas. Lo mejor será que salga a dar un paseo para distraerme. Increíblemente hoy desperté tempranito, ¡auch! Como que la “patas de canario” hasta madrugadora me va a volver, si hasta mis padres serían capaces de agradecerle el favorcito que no lograron por años.
Aún creo que quedaron temas pendientes con el abuelo de mi amiga, todavía tengo muchas dudas y para que negar tengo mucho miedo, se supone que cuando una crece, se vuelve más valiente, en mi caso es todo lo contrario y bueno, muy necesario que en mi paseo matutino me de una vuelta por la iglesia nuevamente, no soy nada religiosa, pero a veces necesitamos ayuda del Jefe supremo.
Me disponía a salir y recibo un Whatsapp de mi amiga Antonella, que me pedía urgente que nos viéramos para conversar, que tenía que contarme algo, pero en persona. La verdad me asustó un poco, pues tiene que ser algo demasiado importante para haber colocado ese mensaje y le contesté que terminando mi desayuno iría a su casa. La verdad que me intriga lo que me quiere contar Antonella, espero que no sea alguna sorpresa desagradable. Después de terminar mi rico desayuno, me fui a duchar, después de salir del baño, me puse una polera, un short y unas sandalias, pues hacía mucha calor. Salí de mi casa y me fui a la casa de mi amiga, estoy bien intrigada sobre lo que tiene que hablar la “Anto”, justo mi amiga iba saliendo y me ve:
-Qué bueno verte Brenda-dijo.
-A mí también me da gusto verte.
-Amiga, tengo que comprar en el almacén ¿Me acompañas?
-¡Claro que sí!
Entonces fuimos al almacén que está cerca, Antonella compró lo que le encargaron y nos fuimos a su casa. Ya en su habitación, me contó del suceso que vivió en la plaza, me reclamó del por qué le he dicho que Marcos había muerto, sí ayer habló con él y me dijo enojada que por qué le había mentido:
-Yo no te he mentido, incluso salió en la página de la “U” y decía clarito que sentían el fallecimiento de Marcos.

—Te estoy diciendo que lo vi, hasta hablé con él —dijo.

—Antonella incluso hablé con dos de sus amigos y me lo confirmaron. La verdad no entiendo nada —dije bastante sorprendida.

—Incluso andaba con mi amigo de Iquique.

—¿Cuál amigo? —pregunté.

—Héctor, mi amigo surfista que te mostré en las fotos y que nos llevamos muy bien.

—No recuerdo quién es en realidad —dije, entonces mi amiga buscó en su celular que tenía encima del velador la foto de su amigo.

—Mira él es —afirmó, mostrándome al chico.

No podía creerlo, es el chico que encontraron mutilado en una playa de Iquique, junto a otros jóvenes. Entonces se le están presentando las almas en pena de Marcos y Héctor. Miré a mi amiga con mucha preocupación, de una manera u otra estos fantasmas quieren hacerle algún daño y la única culpable de todo esto es Unexma. Antonella sin darse cuenta mató, o mejor dicho fue la causal de la muerte de estos dos chicos, por el simple hecho de acercarse demasiado a ellos y Unexma en su afán de dañar a mi amiga, los terminó asesinando despiadadamente y a cualquiera que se intentase interponer en sus planes, pero sé que aparte de Unexma hay un demonio fuerte que manipula a la “cara con hoyos” y la única forma de saber quién es, es volver a entrar a esa habitación y buscar alguna pista que me ayude a salvar a Antonella, antes de que sea demasiado tarde.

Me despedí de mi amiga y quedamos de vernos más tarde por cualquier cosa. Ahora si, aprovecharé para ir a la iglesia a intentar encontrar alguna respuesta, una señal que me ayude a saber qué hacer para ayudar a mi amiga Antonella.
Las calles se ven especialmente vacías y siento una sensación extraña, más bien conocida, como si la “cara con hoyos andante” me estuviera vigilando, algunas veces creo que lee mi mente y ya sabe que descubrí su macabro plan de apoderarse de mi amiga y dejarle su preciado personaje de zombie casero, pero la he burlado muchas veces, no, es imposible, me observan ella y la otra zombie octogenaria, que esa se nota que es corregida y aumentada, pero que solo se limita a mirar de lejos, mientras que la que se acerca es Unexma—:

—Hola Brenda, ¿por qué tan sola? Tu novio se cansó de tí? No lo culpo, ¡eres tan patética! ¿Ya te contó tu amiga “Anto” que anoche la visitaron mis amigos? Por tu cara veo que no, que pena, vaya que se lo gozó la cachonda esa, se nota que ya no confía en ti.

—Sal de aquí “cara con hoyos”, maloliente, ya me tienes cansada, crees que te tengo miedo? Crees que te vas a apoderar de mi amiga? Sobre mi cadáver.

—Exactamente Brenda, deseo concedido, ya es hora de que…¿cómo se dice? ¡Ah sí..te mueras!, ya te metiste mucho y una zorra barata no va arruinar mis planes.
Y con su lengua comenzó a estrangularme. No puedo respirar, mugrosa patas de canario está apretando mi cuello, duele mucho, mis ojos van a saltar de mi cara, lo siento Anto, te fallé, perdóname, tendrás que salvarte sola, desde donde esté velaré por ti.
Y justo se escucha un fuerte ladrido, y entonces Unexma me soltó y caí fuerte al piso, maldita patas de canario que golpe me dí, pero ¡qué locura es ésta! Creo que ya me morí o estoy alucinando, la malvada no solo me soltó, además mira con ternura a este perrito, no puede ser, ¿esa es una lágrima? Unexma, ese ser demoníaco, perverso, que asesinó sin piedad a tanta gente se conmueve ante un inocente cachorro y ahora se va con ese crujido de huesos, lo más extraño es que el cachorro ya no le ladra, más bien le mueve la cola.

—Oye Firulais, ella no es la Madre Teresa de Calcuta, es un ser infernal por si no te has dado cuenta, pero gracias por salvarme.
Ahora recuerdo a aquel perrito de Unexma, al cual asesinaron por intentar salvarla, casualmente, éste, es de la misma raza, al parecer, solo un ser tan puro, tan fiel, lleno de amor, un ser que no juzga apariencias y ve mucho más allá de lo que nosotros vemos, pudo sacar un lado humano de aquel ser tenebroso que se fue detrás de aquel perrito perdiéndose entre los arbustos.

Iba a cantar victoria cuando siento dos presencias detrás de mí:

—Ustedes ¿Qué desean? —les pregunté.

—Hola Brenda, algo simple, queremos que Antonella pague lo que nos hizo —respondió, Marcos.

—No queremos que tú te entrometas en esto —profirió, Héctor.

—Ustedes no pertenecen a este mundo y además no permitiré que le hagan daño a mi amiga.

—Eso no podrás impedirlo y por eso estamos acá para que no metas tus narices, además esa zorrita se lo pasó excelente anoche con nosotros —contó, con una sonrisa un poco demoniaca Marcos.

—No les creo nada de lo que dicen. Yo sé que los demonios en ustedes son los que están hablando ahora e intentan engañarme y manipularme. Miren, ustedes saben que Antonella sería incapaz de hacerles daño, es un demonio el que les hizo ese mal o mejor dicho el que los mató.

—Eso ya es demasiado tarde, ella tiene que volver donde pertenece y tú tienes que morir —vociferó, Héctor.

Entonces me levanté del suelo sacando fuerzas de flaqueza e intenté irme para evitar que siguieran molestándome. No voy a dejar que estas almas demoniacas se salgan con la suya, nos miramos fijamente, tenía que estar alerta y me acordé de aquel viejito de la iglesia, solamente la fe me puede salvar. De pronto a Marcos y a Héctor se les transformaron sus rostros en forma horrenda, unos verdaderos zombies, me armé de valor y les dije:

—Yo no les temo ¿Saben por qué?, porque tengo a Dios conmigo, Él es mi salvador, Él es mi rey —anuncié.

—¡Cállate! Tú nos temes y nadie podrá ayudarte —aseguró, Héctor.

—Obvio que sí. Jesús me va a ayudar y ustedes tienen que volver a donde pertenecen. ¡Ustedes no son Marcos y Héctor! —declaré.

—Nosotros pertenecemos acá y tú vas a venir con nosotros —amenazó, Marcos—bueno una de esas cosas que aparentaba ser Marcos.

De pronto a ambos se le empezaron a alargar sus lenguas, al igual que a Unexma y luego, con ellas agarraron mis muñecas y no podía moverme, pues me tenían fuertemente atada, traté por todos los medios de moverme y luchaba, pero era imposible:

—Es la hora de tu muerte Brenda- dijo Héctor.

—De a poco te absorberemos y quedarás hecha polvo ja, ja, ja. —se burlaba, Marcos.

Empecé a sentir en mi cuerpo, pequeños dolores que de a poco fueron aumentando, sentía que mi energía se me estaba yendo, estos demonios apretaban más mis muñecas con sus lenguas y a la vez reían. Pensaba que mi fe no fue muy grande, mis piernas me temblaban, luego moví una de mis manos y me di cuenta que mi piel se estaba volviendo un café oscuro y sentí mucho miedo, ya veía todo perdido y Unexma tendría ganada la batalla y no tendría ningún estorbo para llevarse el alma de Antonella y mi amiga seguiría con esa maldición. Caí de rodillas y mis esfuerzas se iban cada vez y los dolores se hacían horribles en mi cuerpo, empecé a gritar y luego ya no pude seguir gritando porque apenas podía respirar. Así que creo que ya estoy resignada a mi suerte, cerré mis ojos para esperar mi tan dolorosa muerte, luego de la nada sentí una voz, me parece que es del anciano de la iglesia—:

—¿Qué pasa contigo Brenda? ¿Tan derrotada te sientes? Pensé que eras más valiente. Esos demonios te están utilizando y tú dejas que lo hagan ¿Y La fe? ¿Dónde está? Vamos, sé fuerte, confío en ti. Ahora grita ¿Quién es tu Dios y rey? ¡Vamos Brenda a luchar!

—¡Sí tiene razón! Dios es mi señor, Él es mi rey y … y yo creo en Él —Marcos, Héctor no se dejen dominar por esos demonios, ustedes son almas buenas y vean la luz, pues nuestro señor Jesús los está esperando con los brazos abiertos ¡Ay, qué dolor! sentía, pues los dolores aumentaban, pero sentía que mi fe iba creciendo.

—¡Cállate maldita, morirás! —anunció, Marcos o mejor dicho el demonio.

—Pues no me matarás así como así y con una fuerza inusitada solté mis manos y les toqué sus frentes y les dije:

—¡Chicos vean la luz! Los están esperando, vayan y descansen en la paz de Dios.

—¡Noooo, vuelvan! –gritaron los demonios…

Título: Unexma.
Todos los Derechos Reservados.
Autora: Lorena Castro C.
Chilena.
Lorena Escritora en facebook.
@lorenaescritora en instagram

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