Capítulo XXVII

CAPÍTULO 27

…Antonella me hizo una seña de que la espere y se fue a hablar un poco más allá —claramente la llamada era de alguien que ella quería mantener en secreto. Cuando terminó de hablar, regresó hasta donde yo estaba.

—Disculpa amiga, pero todavía no te puedo decir nada acerca de la persona que me llamó. Pero tranquila que prometo hacerlo cuando sea el momento.

—Okey amiga, no te pienso presionar. Aunque debo admitir que me decepciona que no confíes en mí —creí que era tu mejor amiga.

—¡Eres mi mejor amiga!, pero no te quiero contar todavía porque antes quiero contarte de mi viaje, y de cómo fue que lo conocí. Piensa que si ahora mismo, te dijera; me llamó fulano; tú me vas a preguntar ¿quién?, y tendría que contarte todo —es solo por eso amiga, tú sabes que mi toc es mantener un orden en todo. Igual te pido disculpas por hacerte sentir mal.

…Entonces sacó su celular de su bolsillo y empezó a buscar las fotos, y empezó a mostrármelas una por una. Las miré y vi a los chicos y también habían chicas. De pronto me mostró quien era Héctor y casi me caigo del banco de la plaza, ese chico era el que soñé en la playa, cuando Unexma de un golpe le perforó el pecho con su puño.
Después me mostró una foto donde salía con cuatro chicos y con dos chicas y fue cuando salió con ellos una noche antes de que ella se viniera a Santiago. Ni bien miré la foto y sentí un escalofrío y le dije:

—Antonella, ¿Me pasas tu celular para ver bien esta foto? Es que la veo muy obscura —le pedí.

—Claro Brenda, toma —dijo y me lo pasó.

Cuando tuve el celular en mis manos y toqué con mi dedo la pantalla para agrandar un poco la foto, empecé a ver imágenes horribles del grupo de chicos; vi a Unexma en acción y matarlos horriblemente. Tuve que calmar mis emociones y se lo pasé tranquilamente, aunque en realidad me sentía muy mal, le devolví su móvil. Ya no me quedaba duda de que Unexma había seguido a mi amiga. Ahora entiendo mis pesadillas con la “cara con hoyos” andante, cuando me mostraba sus asesinatos y me quedé en blanco…

—Brenda ¿Te sientes bien?

—Ah… Sí, amiga, estoy bien —dije.

—Pensé que no te había gustado la foto.

—Sí, amiga, está linda la foto —me sentía muy nerviosa y empecé a frotar mis manos.

—Incluso saqué unas fotos a unas fotografías antiguas de mi papá, que mostró allá en Iquique, las llevó sin querer en su bolso de viaje.

—Qué loco es el tío Alfonso ¿Quién sale en esas fotos?

—Mi abuelo con sus padres, después mi abuelo con mi abuela y mi papá cuando él era un niño y una tierna foto donde mi bisabuelo tiene en sus brazos a mi papá. Esa foto es demasiado tierna, así que no me pude resistir y les saqué fotos con mi móvil.

—¿Puedo verlas amiga? —dije para poder olvidar lo que vi hace poco.

—¡Claro amiga! Déjame ver, acá está la foto tierna de mi bisabuelo y mi papá —y me la mostró.

Se me hacía conocido el bisabuelo de mi amiga, tengo la impresión que lo he visto en algún lado, <<juro que se me hace muy conocido>> —:

—Incluso Brenda, tengo una foto donde mi bisabuelo era joven y tengo que confesarte que era bastante guapo.

—¿En serio? Me la puedes mostrar. Me gusta ver fotos antiguas, tienen un no sé qué.

—¡Por supuesto que te la muestro! Espera un poco, acá está —y me la enseñó.

¡No podía creerlo!, el bisabuelo de Antonella, fue uno de los que violó brutalmente a Alma.
Por eso se me hacía tan conocido, ahora sí que me desmayo de la impresión. Por eso Alma/Unexma atormenta a Antonella, pues ella es de la generación de su bisabuelo y puede ser el alma pura que busca Unexma. Creo que mejor me calmo no quiero que mi amiga se dé cuenta o mejor dicho que Unexma se dé cuenta que ya lo estoy comprendiendo todo. Respiré profundamente y se me ocurrió decirle a mi amiga que me estaba vibrando mi celular y que era seguro que me estaban llamando, le dije que era mi novio, e hice que tenía una conversación con él:

—Hola cariño. Disculpa por no llamarte, ya me conoces como soy, si sé que estas muy enojado, pero vamos calmando esas pasiones. Además estoy con mi amiga Antonella que volvió de sus vacaciones y estoy conversando con ella — Saludos te manda amiga.

—Igualmente, espero verlo pronto para saludarlo y dile que no se enoje tanto.

—Ya escuchaste a mi amiga, bueno dentro de media hora nos vemos. Me voy a la casa a ponerme más bella de lo que soy ja, ja, ja, ja. ¡Besos!, igual te quiero —y corté la “supuesta llamada”.

—¿Por qué está tan enojado Bastián? —preguntó “Anto”.

—¡Eh! …Porque iba a salir temprano hoy con él y como tú sabes fui a la fiesta de mi tío y me quedé dormida. Como dice el “Chavo del ocho” “se me chispoteó” ja, ja, ja, ja.

—¡Qué loca eres amiga! Te doy las gracias por haberme contado lo que le pasó a Marcos. No te puedo mentir; tengo mi corazón un poco destrozado y creo que voy a descansar, si quieres nos vemos a la noche.

—¡Claro amiga! Yo te llamo más tarde —le prometí.

—Okey, mejor vámonos.

—Sí, mejor nos vamos, y descansa amiga.

Nos fuimos de la plaza, la fui a dejar a su casa y después me vine a la mía. <<Ahora sí tengo el camino bastante difícil, porque no sé cómo hacer que Unexma aparezca, pero de una manera u otra, la sacaré de su escondite y de mí no se va a librar tan fácilmente>>.

La noticia que me dio mi amiga fue tremenda, no pensé que no voy a ver nunca más a Marcos. Tengo que reconocer que él me gustaba mucho. Además con él, di mi primer beso y fue muy especial para mí; por eso estoy muy afectada. Pronto se vienen las clases de la Universidad y la tristeza que me da que ya no volveré a ver a Marcos, es grande, pero bueno, la vida sigue y no puedo ponerme así, mi abuela dice que cuando estas cosas pasan; son personas que se presentan un rato en nuestras vidas y después se van; solo estaban de paso y tenemos que ser agradecidos por haberlos conocido y rescatar lo bueno que nos dejan —¡cuánta sabiduría hay en las personas más viejas!
Mejor salgo de mi habitación y voy al primer piso a comer algo rico, ya me dio hambre. Así que me levanté de mi cama y salí de mi cuarto. Cuando estaba caminando por el pasillo, no sé porque me dio por mirar esa habitación sellada y que está al lado de mi cuarto, quise entrar —como cuando era niña y mi papá me encontró adentro y me sacó de volada, además me dio un muy duro regaño por desobedecerlo — Pero como sé que no se puede, preferí seguir mi camino, bajé las escaleras, me fui a la cocina y estaban mis padres conversando, entonces me uní a la conversación. La verdad mis padres son bastantes chistosos, me hicieron reír bastante —me gusta mucho compartir con ellos.

En la noche, me dieron ganas de mirar por mi ventana, hacía mucha calor, y estaba muy aburrida. Además, para variar mi amiga Brenda había salido con su novio — seguramente para reconciliarse.
Miré para la vereda del frente, y no podía creer quienes iban caminando, eran Marcos y Héctor. La verdad no entiendo nada, pues Brenda me dijo que Marcos había muerto en un accidente y ¡Héctor, que hace acá?, mejor voy a bajar y los enfrentaré. Me tendrán que explicar por qué andan juntos. Así que salí de la habitación y bajé corriendo las escaleras, salí de mi casa, abrí la reja, la cerré y me fui detrás de ellos, pero ya no estaban. Insisto, esto es muy extraño y luego sentí que alguien silbaba a lo lejos. Miré, y no veía a nadie, miré en la plaza que está un poco cerca de mi casa y no veía a nadie tampoco, entonces me di la vuelta para volver a mi casa y luego siento una voz ronca con eco, de alguien que me dice:

—¡Antonella!… Nella, ella, ella…

Me di la vuelta y esa voz venía de la plaza, entonces me dirigí hacia allá, un poco asustada, pero decidida a llegar al fondo de todo esto. Llegué al centro de la plaza, pero no había nadie. Esto ya no me está gustando, mejor ahora sí, me devuelvo a mi casa, puede ser demasiado peligroso estar acá, me di la vuelta y seguí caminando, ahora con rumbo a mi casa, y di unos cuantos pasos, y sentí de pronto una voz, diferente a la anterior y esta vez, sin nada de eco:

—Antonella ¿Dónde vas? —era una voz que se me hacía muy conocida.

Nuevamente me di la vuelta y me sorprendí de quién era la persona, ¡es Marcos! y luego aparece Héctor:

—Hola princesa, ¿cómo estás? —me saludó Marcos.

—¿Me extrañaste corazón? —preguntó a su vez, Héctor.

—No entiendo nada. Marcos, me dijeron que tú habías muerto en un accidente y Héctor, ¿qué haces acá en Santiago, cómo llegaste y de dónde conoces a Marcos?

Los dos se miraron y se pusieron a reír a carcajadas, era como que se burlaban de mí. La forma de ser de ambos es tan extraña, no se parecen en nada a los chicos encantadores que conocí. Entonces, un poco enojada y orgullosa les dije:

—Me alegro que estén bien, pero no me interesa hablar con ustedes, así que adiós — espeté muy enojada.

Luego ambos me rodearon:

—¿Para dónde vas, princesa? —preguntó, Marcos.

—La fiesta recién comienza, corazón —anunció, sonriendo traviesamente, Héctor.

—Ustedes me asustan con su forma de ser. Se supone que tú estás muerto, Marcos. Voy hablar con Brenda, ¡esto es una broma de muy mal gusto!

—¿Muerto? Claro que estoy muerto y eso te lo debo a ti.

—Y yo también te lo debo a ti, corazón —agregó, mi amigo de Iquique.

—¿Saben qué? Son unos locos y mejor me voy, esto puede ser contagioso —y veo que en la esquina venía caminando Brenda —:

—¿Vieron?, ahí viene mi amiga Brenda, la voy a llamar para que me explique qué onda contigo, Marcos…

Autora: Lorena Castro C.
Lorena Escritora en Facebook.
Chilena.
Derechos Reservados.
@lorenaescritora en instagram.

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