Capítulo XIV

“UNEXMA”

CAPÍTULO 14

…¿A dónde irá caminando así?
Ella seguía caminando lentamente, casi en puntas de pies y así, avanzaba poco a poco —parecía que miraba algo; ¿pero qué? En todo el pasaje no había nada ni nadie.

De pronto, se detuvo y comenzó a agacharse; siempre mirando hacia adelante. Por algún extraño motivo, yo comencé a emularla, y me agachaba junto con ella, casi en perfecta sincronía.
Luego y de forma muy violenta; se repone de su posición, retrocede dos pasos y se queda totalmente quieta; lo más parecido a esos guardias de Inglaterra; los que usan un casco negro largo; como el cabello de Marge Simpson.
No sé cómo puedo ser tan despistada y ponerme a pensar en algo así, en un momento como éste, pero estaba asustada y quería de alguna forma, abstraer mi mente y olvidar lo que estaba pasando.
Pero no me fue posible; porque mi amiga dio un tremendo grito y salió corriendo despavorida hacia su casa. Tal fue su terror, que pasó por el lado mío y ni siquiera me vio. Pude notar su miedo porque le costó abrir la reja de su casa y luego la puerta. Pero lo consiguió y pudo entrar.
Yo no entendía nada. Insisto que tenía mucho miedo y miré nuevamente a donde antes estuvo parada mi amiga, y no vi nada. Luego miré la casa de mi amiga y estaba totalmente a oscuras. Pensé en ir a la casa de Brenda, y no alcancé a dar un paso, cuando sentí una mano pesada en mi hombro:

El grito que pegué, se escuchó hasta Timbuktú:

—Aaaaahhhhhh

—Antonella, hija, ¿qué estás haciendo a estas horas en la calle?
¡Era mi papá!

—Papá, vi a Brenda en la casa y luego caminó hasta acá, y…

—Antonella, hija; ¡Brenda está de vacaciones en Valdivia!
—Tuviste una pesadilla y saliste como sonámbula a la calle —dejaste la puerta abierta, por cierto.

—Pero papá, se veía todo tan real. No entiendo nada. Pero, tienes razón, tuve una fea pesadilla.

—Así fue, hija. Ahora vamos a la casa, que aquí hace frío.
—Está bien, papá, vamos a la casa.
Ya en la casa, mi papá preparó café, me dio mi taza y me fui a mi habitación.
—¡Vaya pesadilla que tuve!, y recién me doy cuenta que claramente era imposible que Brenda, estuviera aquí. Ella está a cientos de kilómetros.
Miré mi teléfono que se estaba cargando y estaba casi al 100% así que lo desconecté y me puse a revisar las llamadas perdidas y los mensajes.
Y efectivamente no había nada. Papá tenía razón y todo fue un mal sueño.
Así que me volví a acostar para seguir durmiendo.

Llegó la mañana. Eran las 10, y sonó mi alarma. Pese a que todavía tenía sueño y aunque estoy de vacaciones, me levanté igual.
Bajé a tomar desayuno con mi madre, y salí a comprar unos tallarines que ella me encargó. Fui al almacén de la esquina, compré lo que me encargaron y salí del almacén. En el camino de regreso, me encontré con Humberto, él es mi vecino y nos conocemos desde niños. Él era bien gordito cuando niño, los chicos se burlaban de él por su gordura y se ponía a llorar, entonces yo iba y lo abrazaba, pues me daba pena las burlas y la crueldad de las palabras de aquellos chicos. Ahora que tiene mi edad, se puso bastante fortachón, definitivamente no tiene nada que ver con aquel niño gordito:

—Hola Antonella, ¿cómo estás?

—Hola Humberto, bien ¿y tú?

—Si bien. El domingo me voy con unos amigos de viaje a Argentina —dijo.

—¡Qué entretenido!. Yo igual me voy de viaje, el sábado con mis padres, al norte, a Iquique, a pasar las vacaciones allá.

—¡Que buena!, yo fui allá el año pasado y lo pasé increíble. Te lo recomiendo. Oye, cuando lleguemos de nuestras vacaciones podríamos salir a divertirnos.

—Gracias Humberto, puede ser; no sería malo salir. Además, estará mi amiga Brenda y su novio.
—¡Okey, cuándo lleguemos, nos vemos y nos ponemos de acuerdo! —aseguré. En eso, escuché una voz que me llama por mi nombre detrás de mí:

—¡Antonella! —dijo, me giré y no podía creer quien era.

—¡Marcos?
—¿Qué haces tú, acá? —dije sorprendida. (Pues no lo veo desde aquella noche, que salimos).

No dijo nada más, solamente me miró y se veía muy serio. Después, miró a Humberto; y mi vecino se sintió incómodo:

—Bueno “Anto”, nos estamos comunicando entonces, y nos vemos de vuelta de vacaciones. Chao amiga —se despidió.

—Claro Humberto, nos hablamos de vuelta, y nos ponemos de acuerdo para <<esa salida>> —enfaticé coquetamente.

Nos despedimos con un beso en la mejilla y Humberto se fue. Entonces, Marcos cambió su seriedad por una sonrisa. Insisto; este tipo es muy raro:

—Hola Antonella, tanto tiempo, ¿cómo has estado?

—Bien, ¿y tú?. Apareciste del exilio —reclamé muy seria.

—Ja, ja, ja, podríamos decir que sí. Soy un hombre ocupado.

—Así parece, claro, ¡además de ser ocupado, eres un desubicado y mal educado!, pues desde que salimos no me llamaste como dijiste; después, se te ocurre llamarme en la madrugada, más encima no contestas y cortas la llamada. ¡Eso te convierte, en un tipo que no vale la pena!.

—¡Huy, qué enojada que estás y como siempre, tan directa para decir las cosas!. Bueno, te pido mil disculpas por no haberte llamado como te había dicho, es que en realidad estuve muy ocupado con mis asuntos, pero no recuerdo haberte llamado después tampoco.

—A mí, no tienes que darme explicaciones. Me preocupó tu desaparición, nada más. Y; ah, entonces no fuiste tú. Es que recibí una llamada de un número desconocido y creí que habías sido tú. Me molestó ese llamado en la madrugada y encima no contestaron y colgaron —improvisé, ocultando mi sueño/ ya que fue tan real; que ahora se lo estaba reprochando al pobre de Marcos.

—Es que, no sabía qué decirte. Siento mucho ubicarte tan tarde. Prometo que no volverá a pasar. Además, he pensado mucho en ti, desde que nos dimos ese delicioso beso —agregó, coquetamente.

—Fíjate que yo, ya ni lo recuerdo. La verdad, estoy muy apurada, mi mamá me está esperando con estas cosas. Así que adiós —finalicé, bastante nerviosa, para irme luego del lado de este tipo.

—¡Ya, no te enojes conmigo!. —Si no me importaras; ¿tú, crees que habría venido a verte y pedirte disculpas?
—De verás, lo siento mucho Antonella, ¡por favor, discúlpame! —pidió, un poquito desesperado.

La verdad, sus palabras me pillaron de sorpresa y no supe que decirle, solamente lo miré; ¡se ve tan sincero!. Hasta que él rompió estos segundos de silencio:

—Además, para enmendar lo descortés que fui contigo, vine a invitarte a salir esta noche.

—Ja, ja, ja, ja, ¡no lo puedo creer!, vienes a disculparte de la mejor manera que conoces, que es “salir” —muy fiel a tu estilo.
—¿Por quién me tomas?, lo siento, pero no quiero, además me voy de viaje y no voy a tener tiempo.

—¡Vamos Anto, anímate!.
—Te juro, qué no voy hacer nada que te incomode. Además, sería tu despedida para que tengas un buen viaje. Míralo, por el lado amable.
—¿Ya? —sonrió, como niño travieso.

—No puedo, ya te dije que no. —pero, a pesar de todo, me gustó mucho verlo y tengo que reconocerlo, Marcos me gusta mucho y muero por decirle que sí, que salgamos, pero tengo que hacerme la difícil.

—¡Ya pues, Antonella! No seas así conmigo.
—Tú, me gustas mucho, y me siento mal por no haberte avisado antes. Por eso, cuando me desocupé, vine inmediatamente a verte y disculparme, por no hablarte por tanto tiempo.
—No seas mala conmigo.
—Salgamos para divertirnos, cómo la noche que fuimos los dos al bar y la pasamos bastante bien. Y te advierto, que no me voy a ir de acá, hasta que me disculpes y aceptes mi invitación —concluyó.

Justo que iba a decirle nuevamente que no, siento la voz de mi madre que me llama desde la puerta de mi casa, ya que estoy a una cuadra de ella:

—¡Antonella, hija!, ¿hasta qué hora te voy a esperar? —gritó, algo enojada.

—¡Ya voy, mamá!.

—Okey, pero ya no te demores tanto.

—¿Viste?, me llaman, y me van a regañar por tu culpa. Me hiciste perder el tiempo. Bueno me tengo que ir.

—Ya te dije, no me pienso ir hasta que me digas que sí, y me voy a quedar afuera de tu casa, gritando que me disculpes y aceptes mi invitación.

—No serías capaz de hacer algo así.

—Pruébame princesa, y verás de lo que soy capaz —me desafió./ Y la verdad, le creo, que es capaz de hacerlo.

—Mira no me cabe alguna duda de que lo harías. Está bien. Por esta vez, voy a aceptar tu invitación <<casi obligada>> y espero; que no vuelvas a ser descortés conmigo. Porque si vuelves a hacer algo así, te olvidas de que yo existo y no me vuelvas a buscar —advertí seriamente.

—¡Linda! Prometo no volver a fallar. Verás lo bien que lo pasaremos y gracias, nos vemos a la noche. A las nueve te paso a buscar —se puso muy contento.

—Okey, nos vemos a esa hora. Ahora sí me tengo que ir adiós.
—Adiós princesa, nos vemos.

A pesar del regaño que me dará mi mamá por mi demora, igual estoy contenta, pues Marcos apareció y vino a disculparse, la verdad estoy muy emocionada.

Así pasó la tarde, hasta que dieron las nueve de la noche y Marcos apareció puntualmente a la hora, no necesitaba anunciar su llegada, ya que el motor de su auto, lo hacía por él. Saludó a mis padres y nos fuimos. Al frente, en la otra vereda estaba su auto, nos subimos y nos fuimos al mismo bar de la otra vez. Lo pasé nuevamente increíble con Marcos, cantamos, nos reímos y nos volvimos a besar, tengo que confesar que me encanta como es conmigo. Al final nos retiramos del lugar a las tres de la mañana, subimos a su auto y cuando ya íbamos camino a casa él me pidió que lo acompañara a la casa de un amigo a buscar un CD para su computador. Porque el amigo lo había llamado cuando entró al baño, y le dijo que lo fuera a buscar a la hora que saliera del bar, pues su amigo se iba a acostar tarde;

—Bueno Marcos, pero nos vamos rápido a mi casa, ya que mañana viajo y tengo que levantarme temprano.

—No hay problema princesa. Mira ya estamos llegando a su casa.

—Se ven todas oscuras; ¿cuál es la de tu amigo?

—La de la esquina.

—Pero, también se ve todo oscuro, yo creo, que es mejor que nos vayamos. Deben estar durmiendo.

—Acuérdate, que me dijo que viniera no más. Ten por seguro que está ahí, y si tiene apagado, es para que no lo molesten sus viejos. Voy a estacionar el auto.

—Okey, y como te dije antes, nos vamos rápido.

—Obvio, apenas mi amigo me pase el CD, nos vamos rápido —bajemos y acompáñame, no quiero dejarte sola acá.

Le hice caso y lo acompañé. La reja de la casa estaba abierta, entramos sigilosamente. Me daba la impresión de que la casa estuviera abandonada, pues se veía sin cortinas y muy oscura. No me gusta nada la idea de haber venido para acá. Mucho menos entrar de esta manera a una casa.
—Parecemos ladrones —:

—Mi amigo, me dijo que iba a dejar la puerta junta para que entráramos.

—<<Oye Marcos, parece que en esta casa no vive nadie. Se ve como abandonada>> —susurré.

—Tranquila princesa, no te va a pasar nada. ¿Qué te dije?, la puerta está junta, tal como dijo mi amigo… —entremos entonces.

Entramos, la casa tenía un olor a abandonado, estaba muy oscuro, no me veía ni las manos. Marcos prendió una luz del pasillo y me dijo que lo esperara en la sala que está al lado mío —eso fue lo que hice —
Marcos se perdió por un pasillo y en eso me vibra el teléfono —menos mal que para los mensajes está en modo vibración —pensé.
Miré, y eran los tíos, luego Brenda y finalmente Bastian —¿cuatro mensajes? ¿habrá pasado algo?
Leí uno por uno; y todos me preguntaban por qué tenían llamadas perdidas en la madrugada y mensajes de que se comuniquen urgente, en todas sus redes sociales.
Pero, ¿qué onda? —yo revisé el teléfono y no hay ningún mensaje, llamada y nada que haya salido de mi teléfono. <<Se supone que eso fue un sueño>>
Me disponía a responder los mensajes, cuando escuché un ruido en la calle, que me era muy familiar.
Miré por la ventana y no podía creer lo que veía…

Autora: Lorena Castro C.
Lorena Escritora en Facebook.
Chilena.
Derechos Reservados.
@lorenaescritora en instagram.

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