Capítulo XIII

“UNEXMA”

CAPÍTULO 13

… Al otro día me encontré con mi amiga Antonella, ella caminaba muy rápido, tuve que correr un poco para alcanzarla:

—¡Anto Amiga!
—¡Espérame!

—Apúrate Brenda, tengo mucha prisa.

—¿Qué onda amiga?
—¿Por qué tan apurada?

—Amiga, tengo que ir a la biblioteca de la Universidad, porque se me quedó mi billetera, ahí están mis documentos —claramente, estaba muy preocupada.

—Te acompaño, entonces.
—Qué despistada eres, ”Anto”.

—Primera vez que me pasa. —¡Tú, sabes lo cuidadosa que soy!.

Entonces la acompañé, llegamos a la biblioteca. Le preguntamos a la Sra. Luna, si había visto los documentos de Antonella y ella dijo que no había nada de mi amiga, pero igual iba a revisar, por si acaso estaban por ahí:

—Lo siento Antonella. Ya revisé por todos lados y nada, incluso llamé por celular a Alberto que estuvo de turno en la mañana y me dijo que no le entregaron nada de ti —dijo, muy compungida.

—Gracias, Sra. Luna —respondió, triste, mi amiga.

Salimos de la biblioteca calladas. ¿En que estaría pensando esta cabecita de pollo? “Anto”, no es para nada despistada.
Nos sentamos en un banco del patio de la Universidad:

—¿Qué voy hacer ahora? —preguntó, desconsolada y a punto de llorar.

—¿No lo habrás dejado en otra parte?, porque en la biblioteca, no estaba.

—Pero, ahí fue el último lugar en que estuve, ahí saqué mi billetera cuando me devolvieron mi carnet de estudio, lo peor es que ahí tengo mi carnet de identidad (DNI), también la tarjeta de crédito que me regaló mi papá.
—¡Estoy desesperada, amiga!.

—Amiga, haz memoria.
—¿Qué hiciste ayer, durante el día o en la noche?, y te acordarás —le aconsejé.

Me miró y asentó con la cabeza, se mordió el labio, y dirigió su mirada hacia el cielo; (señal inequívoca, de que estaba pensando). Conocía demasiado bien a mi amiga y sabía que cuando hace eso, es que está pensando muy concentrada. Luego, dijo:

—¡Ya me acordé! Acompáñame a la casa, Brenda —me pidió, algo eufórica.

Salimos corriendo de la “U”, y nos fuimos en un taxi. Llegamos a la casa de mi amiga, subimos muy rápido las escaleras y nos fuimos al cuarto de ella. Se fue derecho a revisar su closet, sacó su chaqueta favorita, color café con leche; la revisó y encontró ahí su billetera y dio un salto de alegría:

—¡Eureka!
—¡Que emoción!
—¡Encontré mi billetera! —anunció muy feliz, y dio un suspiro.

—Eres bien loca, “Anto”.
—¿Cómo no te acordaste, que la tenías en tu chaqueta?.

—Lo que pasa, es que se me olvidó que la puse allí, entonces, como tú me dijiste que hiciera memoria de lo que había hecho en la noche, pues ahí recordé. Es que anoche salí.

—¿En serio?
—¿Tú, saliste en la noche?
—Por favor, alguien me dé un pellizco, ¡mi amiga, salió de noche!.

—¡Qué eres pesada, y burlesca!
—¡Sí!, salí, porque me invitaron.
—Te lo juro.

—Cuéntame; ¿quién, te invitó? —pregunté, con curiosidad.

—No te lo puedo decir.

—¿Cómo qué no?
—¡Soy tu mejor amiga!
—Yo, que te quiero con todas mis entrañas, y te adoro como mi hermana.
—¿A mí, me dices qué no?
—¡Eso sí qué no te lo aguanto! —enfaticé, algo enojada.

—Por favor, no te enojes.
—Fue sólo una salida.

—Entonces, no te entiendo, ¿cuál es el misterio?

—¡Amiga, No te enojes!
—Tú sabes, que no me gusta que nos enojemos por cosas sin sentido.

—Bueno, tú verás si me cuentas o no.
—Ya me tengo que ir —anuncié, con una pequeña frustración.

—¡Por favor amiga, no te enojes!
—Tú sabes, que no me gusta que discutamos por cosas sin sentido. Además, es algo sin importancia, pero igual te voy a contar con quien salí, fue con Marcos; el de tercero —acotó, y yo me caí sentada en la cama —fingí desconocimiento.

—¿Cuál Marcos?

—El que estudia el tercer año de Teatro, uno bien alto, de ojos almendrados; que es bastante guapo y…

—¡Ah sí, el galán de la “U”, que es bastante engreído —le interrumpí.
—Amiga, ten cuidado con ese tipo.
—Pero bueno, ¿cómo te fue? —le inquirí.

—Si sé amiga, que tengo que cuidarme.
—Me fue bien, la pasamos increíble.
—Se portó como un caballero —concluyó.

—¿Ya?, y solamente pasó eso nomás —le cuestioné, incrédula.

—Bueno, yo no te puedo mentir; eres mi mejor amiga y confío plenamente en ti.
—Fuimos a un pub karaoke, cenamos, bebimos algo, cantamos /bueno, él cantó /canta muy bien por cierto.

—Amiga, al grano.

—Disculpa, me dejé llevar.
—Me vino a dejar en su auto a la casa y cuando me iba a despedir, me besó y…

[Al escuchar eso, me levanté de la cama como si me hubieran colocado corriente].

—¡Quééé?
—¿Te besó? —la volví a interrumpir.
—Antonella, ¿sólo pasó eso?
—¿Estás segura? —le insistí, pues me acordé de esa pesadilla con Unexma y pensé lo peor.

—Sí, solamente me besó, y yo le correspondí.
—¡No pasó nada más!
—¿Por quién me tomas?.

—Lo siento amiga, pero tú sabes que me preocupo por ti, además a ese tipo le gusta hacerse el lindo con todas y no quiero que te haga daño.

—Gracias Brenda, por tu preocupación, pero yo me sé cuidar sola.
—¡No necesito que me estés cuidando siempre! —reclamó, muy seria.

—Amiga, perdona si pensé mal.
—Sé, que te puedes cuidar sola, pero ten cuidado solamente.

—Okey amiga, te sigo contando; nos besamos unos minutos y después, yo me bajé del auto y entré a mi casa. De ahí que no he sabido más de él. No lo he visto para nada de nuevo ni siquiera me ha llamado, pero yo también he estado en otra, porque estaba preocupada por mi billetera y ahora, recién vi mi celular y no tengo ninguna llamada perdida, eso que me aseguró que me iba a llamar, pero no lo ha hecho, aunque para mí, no es importante. Además me imaginaba que trataría de lograr algo más conmigo y quizás como no pudo, y solo pudo darme un beso; desistió e irá tras otra “presa”.

—Te creo, amiga. Bueno, me tengo que ir, me voy a juntar con Bastián, ya que la próxima semana nos vamos de vacaciones con mis padres y Bastián que también nos acompañará.

—Qué bueno, yo también me voy de vacaciones con mis papás, pero dentro de dos semanas.
—¡Te voy a extrañar, amiga!.

—¡Yo igual!
¡Te quiero mucho, amiga! —y le abracé.

Me despedí de mi amiga y me fui a ver a Bastián, pero tengo una sensación extraña con ese asunto de Marcos y sobretodo la pesadilla que tuve con él que fue horrible, pero bueno, mi amiga dijo que fue solamente un beso y nada más. Mejor me olvido de esto y me voy a divertir con mi novio.

Llegó el día lunes, mi amiga Brenda, sus padres y su novio; ya se iban de vacaciones a otra ciudad que está en el sur de Chile; la Ciudad de Valdivia; que es muy hermosa.
Y van por un mes. La verdad, me da un poco de pena, pues no me gusta separarme mucho tiempo de mi amiga. Lo bueno es, que yo también voy a viajar dentro de una semana, con mis padres de vacaciones al norte; a la Ciudad de Iquique. Espero divertirme allá, me siento como agotada y no sé por qué. Será que Santiago me ahoga con todo este smog. Bueno, ya pronto, voy a salir de mi ciudad, para ir a otra, con mejor aire.

Salí de la casa para ir a despedirme de mi mejor amiga:

—¡Amiga, es hora de despedirnos! —dijo, Brenda.

—Sí, amiga. Te voy a extrañar mucho —me despedí, dándole un abrazo.

—Yo también Antonella, pero nos comunicamos por Whatsapp, por Facebook y también nos llamamos por celular; el contacto no lo vamos a perder. Así nos contamos anécdotas de nuestros viajes y también nos mandamos fotos —agregó, con entusiasmo mi amiga.

—¡Tienes razón, pero igual te voy a extrañar! —y en eso aparece Bastián, el novio de Brenda.

—Hola Antonella, ¿cómo estás?

—Bien Bastián, y tú, ¿cómo estás?

—Excelente, por fin de vacaciones y nos vamos de viaje con los tíos y por supuesto, con mi linda novia je, je, je.

—Cuida bien a mi amiga, y pásenlo bonito —sugerí.

—Obvio que sí Antonella, cuidaré bastante bien a tu amiga, porque la amo mucho —suspiró, Bastián.

—¡Antonella hija, qué bueno que estés acá, para poder despedirnos de ti y de tu mamá, lástima que tu papá esté trabajando, me hubiera gustado despedirme de él! —exclamó, la tía Margarita.

—Sí tía. Mire, justo ahí, viene mamá.

En eso aparece mi mamá y se despidió de los tíos, de Brenda y su novio. Yo igual hice lo mismo. Se subieron al auto y se fueron rumbo al Sur.
La verdad me dio pena, y eso que sólo son, unas semanas de vacaciones.

Pasó una semana, desde que se fue mi amiga Brenda.
La extraño mucho, pues con ella, salía a todas partes, pero no ha dejado de llamarme y mandarme fotos por Whatsapp. La verdad, son muy lindas fotos, sobre todo en el lugar que está y para que decir lo graciosa que sale mi amiga en las fotos a veces; es una gran hermana para mí.

Desde que salí con Marcos esa noche, no me llamó más a mi celular como me dijo y no supe más de él, tampoco. En realidad, tipos como él, no cambian y quizás fui su entretención por el rato. Menos mal que sólo fue un beso. Pero lo otro que recuerdo, y no quise contarle a mi amiga Brenda; es que cuando pasó el asunto de mi billetera, al despertar me fui al baño, me saqué mis pantaletas que eran de color blanco y estaban manchadas con sangre. Entonces, tomé un pedazo de papel higiénico y me lo pasé por mi vagina y vi que el papel salió con algo de sangre y luego sentí un olor como a podrido. Boté el papel al papelero y me fui a duchar, pensé que nuevamente había llegado mi período, ya que es irregular, y a veces me llega dos veces en el mes. Así que no le di mayor importancia y por eso no le conté a Brenda. Además, esas son cosas personales y muy íntimas —pensaba mientras disfrutaba sentir el agua de la regadera escurriendo por mi piel.

Ya quedaban cuatro días para que mi papá salga de vacaciones y por fin nos iremos de viaje. Ya estoy impaciente.
Una noche, después de cenar con mis padres, les dije que no tenía ganas de ver televisión, que sentía mucho sueño, así que me despedí de ellos y me fui a mi habitación, me acosté y me quedé dormida. De pronto, sentí a lo lejos que sonaba mi celular, desperté, prendí la luz y vi la hora. Eran las tres y media de la mañana, y vi que quien me estaba llamando era Marcos. ¡No podía creerlo, era Marcos, después de tantos días sin llamarme! —le contesté:

—Aló, Marcos, ¿por qué me llamas a esta hora?
—¿Ahora te acordaste de mí? —hablé, bastante molesta.

Pero no tenía ninguna respuesta del otro lado; esto era muy extraño, y continué diciendo:

—¡Dime algo, Marcos!
—La verdad, eres bastante desubicado, mira que llamar a esta hora.
—Si crees que porque eres el galán de la “U”, yo te tengo que contestar a la hora que se te ocurra, déjame decirte que yo no voy hacer una arrastrada para ti. Así que buenas noches —pero nada, no me contestó y luego, el llamado se cortó.
La verdad, no entiendo a este tipo. Mi amiga tiene razón. Mejor me alejo de personas así, además tengo mucho sueño. Apagué el celular; por si Marcos quería seguir molestando. Apagué la luz y me quedé dormida…
Ni bien cerré mis ojos y ¡volvió a sonar mi celular!
Pero, ¿cómo?, ¡yo estoy segura que lo apagué!.
—<<Si es Marcos nuevamente… va a saber quien soy yo>>.
En fin, miré el visor y era mi amiga Brenda, eran las 3,33 de la madrugada. Nada bueno podía imaginar si mi amiga me llamaba por la madrugada. Sobre todo estando ella de vacaciones.
Con mucho temor, contesté:

—¿Aló, Brenda?
—Amiga, ¿estás bien?
—¿Pasó algo malo?
—¿Cómo estás, cómo están los tíos, cómo está Bastián? —atropellé con tanta pregunta. Pero estaba muy nerviosa. Se me había pasado hasta el sueño.

—Clic…
—TU, TU, TU… se cortó la llamada.

Marqué de vuelta y el teléfono de mi amiga estaba apagado o fuera del área de servicio.
Marqué a los tíos, a Bastián y lo mismo.
¡Estaba desesperada!
Le dejé mensajes a todos en sus buzones de voz, sms, messenger, whatsapp, muros de facebook, instagram, twitter; en fin, todas las redes sociales habidas y por haber. Desde algún lado, alguien me tenía que avisar /responder si pasaba algo malo.

Estaba escribiendo el último mensaje cuando sentí una bocina de auto sonar frente a la casa; me asomé a la ventana y veo el auto de Marcos estacionado con las luces encendidas.

—¿Cómo se atreve a venir a ésta hora? Me llama, no contesta nada; luego me corta ¡y ahora, aparece aquí con su auto?
—¡Ah no, “Marquitos”, ésto si que no te lo aguanto!

Bajé y salí como un rayo, decidida a decirle sus cuántas verdades…

Pero afuera no había nadie. Ningún auto, nada. No se escuchó el ruido tan estruendoso que hace su motor; ya que se cree “rápido y furioso”.
Pero, no había nada ni nadie. Ni un alma en la calle.

Ya no sabía qué sentir; ¿sueño, miedo, preocupación, rabia? Tantas emociones juntas en tan poco tiempo hicieron que me doliera la cabeza —mejor voy a buscar algo para que se me pase éste dolor.
Entré al baño, abrí el botiquín, saqué un analgésico y volví a cerrar el botiquín y por el espejo del botiquín se refleja detrás mío a mi amiga Brenda, que estaba en pijama, descalza y con su cabellera rubia desordenada como le gusta usar a ella.

Volví a mirar y me hizo seña de que guarde silencio y salió corriendo hacia la calle, con todo esto, se me había olvidado cerrar la puerta. Así de mal estaba. Salí detrás de ella y corrió unos pocos metros, luego se detuvo y empezó a caminar más lento como intentando no hacer ruido. No sé a dónde quería llegar así, porque claramente no había nada ni nadie en todo el pasaje…

Autora: Lorena Castro C.
Lorena Escritora en Facebook.
Chilena.
Derechos Reservados.
@lorenaescritora en instagram.

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