Capítulo X

“UNEXMA”

CAPÍTULO 10

Hoy es mi cumpleaños, cumplo quince años y lo estoy celebrando con mis padres, familiares, amigas y amigos y por supuesto está mi mejor amiga Brenda con sus padres. Lo estoy pasando increíble con todos. Me acordé que tenía que ir a buscar mi celular a mi habitación, pues me iba a llamar mi tía Carla desde Canadá para saludarme en mi cumpleaños como todos los años. Ella es hermana de mi padre, es muy tierna y la quiero mucho. Entonces fui a mi habitación y cuando entré, me dio un fuerte escalofrío. Hace tiempo que no sentía esto.
Desde que Unexma desapareció de mi vida y no volvió a molestarme; para mí, había vuelto la tranquilidad. En fin, menos mal que había dejado la puerta abierta, total, iba a salir rápido. Encontré mi celular encima de la cómoda, lo encendí y me puse a revisar por si tenía una llamada perdida. De pronto, sentí que la puerta de mi habitación se cerraba despacio y me di la vuelta, fui a la puerta y no podía abrirla, parecía que le habían puesto llave por fuera, y pensé que alguien me estaba haciendo una broma:

—Ya Brenda, no seas pesada, abre la puerta. Esto no es gracioso —dije.

Pero mi amiga no me contestaba, y yo seguía diciendo que me abrieran la puerta. De pronto, sentí un frío en mi habitación y un olor horrible a carne podrida y empecé a sentir mucho miedo. Ya quería salir de mi cuarto, y empecé a golpear y a gritar con más fuerza:

—¡Por favor!, ¡abran la puerta! —¡Mamá, Papá, Brenda, amiga!
—Sáquenme de aquí —grité muy angustiada. De repente, escuché una voz detrás de mí:

—Antonella, vengo por ti —dijo esa tenebrosa voz.

No quería voltearme. Estaba aterrada. Y seguí golpeando con más fuerza la puerta para que alguien me escuchara y me puse a gritar pidiendo auxilio, pero nadie me escuchaba. Sentí una sonajera de huesos; no podía creerlo, ¡Unexma ha vuelto!, y justo en mi cumpleaños. Ojalá esto fuera un mal sueño, me decía a mí misma para intentar tranquilizarme. Pensaba que; si me doy la vuelta no iba a haber nadie. Que sólo era mi imaginación. Entonces me decidí y empecé a voltearme de a poco. Cuando lo hice completamente; no podía creer lo que veía. Quedé con el grito en mi garganta.
¡Era Unexma!, mi cuerpo se quedó inmóvil, estaba paralizada. Sus ojos rojos me tenían hipnotizada, y antes de que me diera cuenta, tenía a Unexma muy cerca de mi cara.
Yo trataba de moverme para poder arrancar, pero no podía. Entonces ella me tomó del cuello y me apretó con fuerza.
El aire se me iba de a poco y yo abría mi boca para poder respirar mejor, luego vi que Unexma también abría su boca y su aliento era horrible. De pronto, me besó en la boca; yo trataba de golpearla, pero mi cuerpo no me respondía y sentía que me debilitaba de a poco, y cerré mis ojos y de ahí no supe más nada…

—Tía, ¡qué linda fiesta de cumpleaños que le hizo a mi amiga! —dije contenta.

—Gracias cariño. Mi “Anto” se merece lo mejor —dijo la Tía.

—A todo esto, ¿dónde está Antonella?.

—Fue a su habitación a buscar su celular, pues la llamaría su tía Carla para saludarla, pero se ha demorado en bajar.

—La voy a buscar entonces, tía Florencia.

—¡Gracias, hija!, dile que venga a ver a sus invitados que están acá en el jardín bailando.

—Sí tía, la traigo de inmediato.

Entonces entré por la cocina y me vino aquel recuerdo de mi última pelea con Unexma cuando era niña.
Me fui a la puerta que da a la del living. Miré por todos lados por si Antonella estaba, pero no. Solamente habían algunas personas conversando en el living. Subí las escaleras y cuando llegué, sentí un pequeño escalofrío y un olor extraño. Eso me puso en alerta.
Miré y me dirigí hacia al fondo del pasillo, donde estaba la habitación de Antonella. Tenía un mal presentimiento y cuando volteo, no podía creer lo que veían mis ojos; ¡era Unexma!, tan horrible como siempre. Y me miraba sonriendo; como queriendo decirme algo.
Me acordé de Antonella y empecé a golpear la puerta para que me abriera y Unexma se acercaba de a poco:

—¡Antonella, abre la puerta! —dije fuerte, y miraba donde estaba Unexma. Y ella seguía acercándose y haciendo sonar sus huesos. No le temía, pero tampoco quería que mi amiga se diera cuenta que esta cosa había vuelto.

Seguí golpeando la puerta fuertemente y por fin se abrió y la persona que abrió del otro lado, era Unexma y me caí de la impresión y miré a mi espalda, por el pasillo y Unexma no estaba. Volví a mirar adelante, a la habitación de mi amiga y en vez de Unexma era Antonella. Ya no entendía nada:

—¡Antonella!, ¿estás bien?

—Sí amiga, estoy bien, pero ¿qué te pasó?.
—Parece que viste un fantasma —dijo ella, ayudándome a levantarme.

—Amiga, ¡volvió la cara con gusanos! —dije.

—¿De qué hablas Brenda?

—¡Unexma!, ¡volvió!.

—¿Unexma?
—Amiga, años que no veo a esa cosa —dijo.

—¿No la viste?, pero, si me acabo de encontrar con ella ahora; y me asusté pensando que te había hecho algo.

—Brenda, si me estás haciendo una broma, te lo digo en serio; es muy mala broma y no creo que quieras arruinar mi celebración de mis quince años para asustarme —dijo algo molesta.

—¡Tú sabes que no te haría algo así!.
—Eres mi mejor amiga y mi hermana —dije algo triste de que ella pensara algo así.

—Está bien, te creo; sé que no me harías algo así. Además, ¡olvídate de Unexma!, ella se fue cuando éramos niñas, y ya no volverá a molestar.

—Quizás tienes razón. Debo haber tenido un bloqueo y pensé que había vuelto, pero igual quiero entrar a tu habitación para asegurarme —dije.

—Adelante, revisa y verás que no hay nadie.

Entré, y en realidad no había nadie. Todo es tan extraño, juro que vi a Unexma. No entiendo nada:

—¿Ahora te convenciste que no está Unexma?.

—Sí. ¡Ya me convencí! —dije aún incrédula.

—Bueno amiga, vamos a divertirnos; es mi fiesta de cumpleaños y tenemos que pasarla de maravilla —dijo con entusiasmo mi amiga.

—Sí, tienes razón, ¡vamos!. Además la tía ya debe estar impaciente —agregué.

Entonces nos fuimos caminando por el pasillo. La verdad estoy en blanco, puedo asegurar que vi a la “patitas de canario”; estoy segura.
Me parece un poco extraña la actitud de mi amiga, porque ella le tiene un terror horrible a Unexma, y ahora la siento muy tranquila.
Quizás estoy muy paranoica desde que pasé por la cocina. Y al acordarme de mi última y chocante pelea que tuve con Unexma cuando era niña, no me dejó muy bien. Espero que todo haya sido un espejismo, por así decirlo, pues siento que ya no tengo las mismas agallas que tenía cuando era niña, pero de una cosa estoy segura; prometí que iba a defender a la “Anto” de aquella cosa demoníaca como sea… y hablando de Antonella, se quedó atrás hablando por celular, y de nuevo se encerró en su cuarto. Seguro que la llamó su tía:

—BUENO AMIGA, TE ESPERO EN EL JARDÍN, LE VOY A AVISAR A LA TÍA FLORENCIA QUE YA ESTÁS HABLANDO CON TU TÍA —le grité.

—OKEY AMIGA, ¡GRACIAS! –dijo Antonella, con una sequedad algo extraña en ella, que siempre es tan dulce.

Creo que en realidad estoy un poco paranoica, mejor me voy a divertir y olvidar lo que pasó. Finalmente, Antonella bajó y participó hasta el término de su fiesta; con la dulzura que siempre la ha caracterizado. Quizás, el haber saludado a su tía, influyó para que recuperara su ternura. Definitivamente tuve un lapsus de paranoia con Unexma. Mi amiga tiene razón. Se fue y nunca más volverá…

Autora: Lorena Castro C.
Lorena Escritora en Facebook.
Chilena.
Derechos Reservados.
@lorenaescritora en instagram.

Deja un Comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .